lunes, 9 de enero de 2017

TIEMPO DE PASIÓN, DE NHD FRANCISCO ROBLES

Imagen: Fran Silva.

TIEMPO DE PASIÓN

Ajeno a las agujas que el tiempo va clavando en la carne más débil, la del niño que sabe que su infancia pasó cuando cambió la túnica de blancura sin mancha por el ruan de la culpa. Ajeno a la carcoma que consume por dentro los días y las noches, la lenta madrugada que no pasa del todo ni rompe con el alba: la ausencia de quien vive sin vivir con nosotros. Ajeno a las miradas, la cabeza inclinada soporta la divina inteligencia. Todo lo bello está encerrado bajo la espina tibia que te clava las horas sin horas de lo eterno. Te abrazas a Ti mismo, sin cruz que te atormente. Te abrazas como Dios nos abraza a cada hombre, como el hombre al buscar la luz entre la duda. Estás en la certeza y estás en esta búsqueda que imantas con madera de cedro sin aristas. A nadie has rechazado en siglos de ternura. Nadie puede decir que le dijiste que no. Si bajas de la plata que repuja el retablo, te conviertes en Ser de pura cercanía.

Tu tiempo se ha cumplido en la luz de un portal, En la noche más fría que viven los pastores: El alma, un repeluco. Y el cuerpo, escalofrío. Tu tiempo se cumplió cuando abrazaste al hombre como abrazas tu cuerpo con tus manos de nieve. La nieve del poeta que te escribe en el ángulo oscuro de tu casa sin que nadie lo lea. Las manos que han tocado el arpa del que busca la música callada de tus ojos insomnes.

En Ti está la bondad de esta ciudad arisca. Imposible mirarte sin que se encoja el alma hasta llegar al fondo del niño que sostiene al hombre sin certezas. El niño sí lo sabe, el niño te conoce y por eso me lleva en una tarde fría al fondo de tu abrazo. La iglesia está en penumbra, el templo oscurecido de vidrieras azules. La luz en tu capilla, tan suave como el aire que traza tu perfil.

Allí está la verdad de todo lo creado, del mundo y su agonía, del gozo y de la pena, del hombre que no quiere vivir para la muerte. Porque ésa la verdad de la Semana Santa. Allí lágrimas secas, un eco de nostalgia, las noches sin mañana, el dolor de una esquina. Y la única Belleza que resiste el crujir de todos los relojes, que los para de golpe para que el tiempo vibre sin que pase el instante. El tiempo ha renacido en esos almanaques que mira de reojo el que busca esplendores en las calles de abril. El tiempo ha renacido en la resurrección continua de tu nombre. El tiempo de Pasión marcado con el lápiz del Niño que se sabe la vida de memoria. La túnica bordada de cuernos y abundancia es un hermoso engaño: lo tuyo es la humildad de Quien nació vestido con esa transparencia de la Sabiduría. En los hilos del oro se refleja la luz de la cera más roja: la lenta sangre ardida.

Y entonces alguien quiere seguirte para siempre, y pide los papeles que gana cuando pierde el miedo a la tiniebla. Papeles como labios que firmará en silencio. Así se fue formando la eterna cofradía en esas dos orillas que abrazas con tus manos: a tu lado la muerte es un cambio de tramo. El gozo se asomó al patio del naranjo que florece desnudo. Sin flores ni perfume. Enero en la humedad del frío y la verdina. Abrazado al tiempo, abrazas la ciudad. Nos abrazas por dentro, y nos dices sin decirlo que todo se ha cumplido. Lo demás ya no importa: ni modas ni modismos. Lo demás es silencio.


Francisco Robles.
Artículo publicado hoy en ABC de Sevilla.

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